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  • PSICÓLOGO-GUSTAVO TORRES FERNÁNDEZ

¿Qué es la Asertividad?

Te sientas en un restaurante y pides un filete poco hecho y con ensalada de guarnición. Cuando el camarero o la camarera te trae la comida, te das cuenta de que el filete no está poco hecho, sino todo lo contrario, muy pasado. Además, trae patata asada de guarnición. Es, coloquialmente, una zapatilla... y con una guarnición que no habías pedido. Podrías hacer lo siguiente:


a. No decir nada y comerte el filete y su guarnición a disgusto. b. Armar un GRAN escándalo en el restaurante, insultar al camarero o camarera y gritar que nunca volverás a ese local. c. Llamar al camarero o camarera y decirle que no es lo que habías pedido. Después, pedirle que te cambie el filete por uno poco hecho y la guarnición de patata asada por la ensalada- tal como habías pedido en un primer momento. La asertividad es una habilidad que se sitúa en un punto intermedio entre dos conductas polares de un mismo continuo: la pasividad (respuesta a.) y la agresividad (respuesta b.) Se actúa asertivamente cuando la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos de una forma consciente, congruente, clara y directa. La finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros derechos legítimos sin la intención de herir o perjudicar a quien nos escucha, actuando desde un estado interior de autoconfianza.


¿Pero quiere ello decir que tengamos que ser siempre asertivos/as? NO. Si bien la asertividad es ideal, habrá momentos en los que no se pueda ser asertivo/a. Un ejemplo de ello sería si tienes a una persona empuñando un cuchillo y con este a escasos centímetros de tu cuerpo. Ahí sería más inteligente actuar de manera pasiva y darle lo que te pide o, si tienes conocimientos en defensa personal o artes marciales, de manera agresiva y zafarte de esa situación.


Claro está, en otras situaciones que no sean tan límites como la del ejemplo, puestos a elegir, optaremos por el término medio del contínuo pasivo-agresivo. Pero, ¿por qué elegir ese término medio?


Elegir la opción de ser permanentemente pasivo/a significa que dejas en manos de otra persona toda decisión (te guste o no). De hecho, probablemente no te guste pero por miedo a su réplica, al rechazo o al abandono cedas. Ceder una vez detrás de otra te hará sentirte mal porque tu opinión no está siendo considerada... y eso puede llevarte a dos vías . Un ataque agresivo ante una situación: Saltas del polo pasivo al agresivo para sentirte en consideración, heriendo o perjudicando a la persona con quien hablas (y posteriormente sintiéndote mal por haberlo hecho). Tras ello, vuelves al polo pasivo hasta que nuevamente explotes en un futuro 2º. Una continuación en el polo pasivo: Sigues siendo pasivo/a y acabas deprimiéndote porque no eres capaz de manifestar tus emociones y pensamientos libremente.


Elegir la opción de ser permanente agresivo/a significa que dejas de ver cualquier punto de vista ya que antepones siempre el tuyo. Esto acaba mal ya que en modo agresivo estás proyectando tu parecer e hiriendo o perjudicando a la otra persona. Eso significa que la otra persona, conocida o no, puede responderte también en modo agresivo y podrías acabar en una discusión verbal, una pelea física, en la comisaría de policía o en el hospital. Y llegados a este punto, ¿piensas que no eres asertivo/a? La buena noticia es que al tratarse de una habilidad, sólo requiere entrenamiento para poder dominarla e incorporarla de manera automática en ti. Además, al trabajar esta habilidad, encontrarás la satisfacción de poder ser tenido/a en cuenta así como te desharás de pensamientos irracionales absurdos que dabas por verdaderos.