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Agorafobia... Plan del fin de semana: Quedarse en casa.

10 Jul 2014

La palabra procede de los términos griegos "ágora" (plaza), y "phobos" (miedo).  Por tanto, de acuerdo con la etimología de la palabra, la agorafobia está especialmente relacionada con el temor intenso a los espacios públicos en los que pueden presentarse (o no) aglomeraciones.

 

La persona percibe que en estos espacios públicos puede resultarle difícil o embarazoso escapar, o no puede disponer de ayuda en el caso de que le diese un ataque al corazón, se marease o perdiera el control de la situación, generándole un miedo intenso del que trata de escapar evitando encontrarse en dichas situaciones.

 

Normalmente las situaciones agorafóbicas van generalizándose. Primero suele empezar como una pequeña idea de que cuando salga o se dirija a un sitio en el que lo pasó mal, pueda de nuevo sentirse mal… “¿Y si me pasa algo malo como la última vez?”

 

Después, se incrementa poco a poco el número de lugares en los que ese pensamiento de carácter intrusivo le asalta y tiende a evitar otras situaciones potencialmente ansiógenas (usar transportes públicos, ir de compras, comer en restaurantes, entrar al cine, hacer deporte, viajar, estar en lugares públicos, etc).

 

Y, finalmente, la solución a la que erróneamente llega es preferir estar en un lugar que controla y en el que se siente absolutamente seguro o permanentemente acompañado de gente que conoce... “Imagínate… Sólo, rodeado de gente extraña… y seguro que me voy a sentir mal o algo malo me pasará. Con lo bien que me siento ahora y lo mal que lo pasé la última vez que salí… Mejor será no salir.”

 

Estos pensamientos pueden representar un grave problema en la vida del agorafóbico, pudiendo terminar por apenas salir de casa para tratar de evitar su ansiedad, reforzando así cada vez más la creencia equivocada de que estar en casa es seguro… y salir, peligroso.

 

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