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  • PSICÓLOGO-GUSTAVO TORRES FERNÁNDEZ

Muertos y muertas en vida.

Se trata probablemente de la versión más hardcore de un trastorno como consecuencia del proceso migratorio fallido al tiempo que es el acto de resistencia pasiva más grande que puede un ser humano realizar.


“Uppgivenhetssyndrom”. Esta palabra sueca significa “síndrome de resignación” y es el diagnóstico que se incluyó en la versión sueca del CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades- F32.3.A) para describir a menores plenamente funcionales que sufrían súbitamente incapacidad para comer, caminar, hablar o manejarse por sí mismos o mismas.


Lo significativo es que no se trataba de unos o unas menores cualquiera, sino de población menor de edad que había llegado con parte de su familia y pedido refugio o asilo. Son menores migrantes que han sido perseguidos o perseguidas en sus países de origen y experimentado violencia hacia si o sus familiares. Se les ha forzado a ver violaciones, secuestros, asesinatos o amenazas de muerte o han sido víctimas recurrentes de ellas en su país de origen o su trayecto al país donde piden el asilo.


Es también significativo que tales menores eran responsables del cuidado de la familia, bien porque sus padres habían fallecido/sido asesinados y el cargo familiar pasa al hijo mayor, bien porque coincidiendo con su escolarización y mayor facilidad de aprendizaje se encargaban de la traducción de idiomas para el resto de la familia.


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¿Qué lo desencadena? Las investigaciones en retrospectiva acerca del origen del “Uppgivenhetssyndrom” o “síndrome de resignación”, sin olvidar que hay estresores y afectación a la salud mental previamente, ponen su foco en el momento en que las autoridades en materia migratoria rechazan la petición de asilo de la familia. Ello se puede producir de dos maneras: mediante una carta escrita o mediante comunicación oral de la negativa en una reunión con las autoridades.


Es en ese momento cuando estos o estas menores se enteran de la denegación de petición de asilo y entran en un estado de indefensión aprendida absoluta. Cuando pierden toda esperanza de seguridad, su cerebro pasa a un estado de miedo agudo que deriva en catatonía hasta el punto en que no reaccionan a estimulación sensorial alguna (a ruidos fuertes, al contacto, al dolor por frío o calor), pierden todo control de esfínteres y tienen que sondarse para introducir alimentos en su cuerpo. La escisión o disociación de la mente en su máxima expresión.


Su estado es como el de un coma y su intencionalidad parece la de ofrecer una resistencia total (y pasiva) a su deportación al país de que migraron y en el que corrieron grandes riesgos. Es como si el cerebro anticipase que el retorno supone una muerte segura para el/la menor y su familia y le diera al botón de apagado, emulando esa misma muerte y negándose a colaborar en cualquier aspecto del viaje de vuelta al terror del que huyó.


Paradójicamente, la recuperación de este trastorno viene a partir de la confirmación a la familia de su súplica de petición de asilo tras ese fallo anterior en el que se le rechazaba esta. La sensación de seguridad que el/la menor percibe en su familia al no tener esta que retornar allá donde sufrió hace que su cerebro reinicie de nuevo las funciones que tenía pausadas y vuelva a “la normalidad”.


Por cierto, aunque este extraño fenómeno sólo se había dado en Suecia con población refugiada de distintas partes del continente europeo (+500 casos diagnosticados desde la década de 1990), se ha observado recientemente también en Nauru- una diminuta isla en la micronesia donde el gobierno de Australia envía a quienes tratan de llegar a territorio australiano a pedir asilo.


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